SOBRE LA ALIMENTACIÓN CONSCIENTE


La alimentación es algo muy personal e íntimo y, por más que muchos, incluyéndome, subamos a nuestras redes sociales fotos lindas y saludables de lo que comemos donde todo se ve sumamente perfecto, nada de esto fielmente representa lo que de verdad sentimos y vivimos al momento de comer y elegir qué comer.

Quiero partir contándoles mi historia, como contexto de cómo parte todo este camino y cómo lo entiendo hoy. Hace aproximadamente 5 años era de aquellas personas que comía de todo, carnes, lácteos, azúcares, frutas y ensaladas, todo en un equilibrio normal. Un día común y corriente, mientras me encontraba viviendo fuera de Chile, caí en una apendicitis que resultó siendo una peritonítis que me tuvo 1 semana en el hospital y 3 meses sin poder hacer ningún ejercicio. Siempre he sido una persona deportista y este cambio radical en mi vida me mató. Aquí es donde todo empezó.

Comencé con unos malestares estomacales horribles, todo lo que comía me caía mal, nada de lo que antes podía y era feliz comiendo me hacía bien. Cuando volví a Chile, fui a ver a muchos doctores y ningún resultado me dejaba conforme. Sus soluciones eran que dejara de comer tanta fibra, que comiera galletas de agua con jamón de pavo y sólo una fruta al día. Que comiera más proteína animal y menos carbohidratos. El enojo con cada doctor al cual iba a visitar aumentaba con cada visita. Nada de esto me hizo sentido y decidí tomar las riendas de la situación por mí misma. Y este es un punto en el cual me quiero detener.

Comer es algo que hacemos mínimo tres veces al día (hay pocas cosas que hacemos más veces al día que eso, sino ninguna) pero no le damos la real importancia que merece. Comer debe ser algo que todos los días nos haga sentido, debe ser algo que hacemos con un nivel de consciencia alta, debe ser una decisión que tomamos todos los días entendiendo sus pro y sus contras. Vivimos en la era de desconexión con la comida; abrimos un paquete, lo metemos en el microondas y lo comemos. Punto. El primer paso para una alimentación consciente no es saber preparar recetas saludables, ni comer frutas y verduras todo el día, el primer paso para una alimentación consciente es encontrarle el sentido a lo que comemos, observar cómo nos sentimos cuando comemos, observar qué sentimiento te produce cada alimento y en base a eso, tomar la decisión de si quieres comerlo o no. Entendiendo esto, es que entenderemos que es un proceso muy lento, de altos y bajos, donde a veces algunas cosas tienen sentido y otras no. Es un proceso íntimo y personal, lo que me hace sentido a mí y las comidas que me caen bien a mí, no son las mismas que te hacen sentido y caen bien a ti… y eso se los aseguro.

Encontrar inspiración en otras personas y seguir sus redes sociales puedes ser un buen punto de inicio, un importante empujoncito. Pero también debemos tener cuidado con involucrarnos en un 100% con sus vidas y su alimentación. Todos somos distintos, y eso nos hace hermosos, y esta es una responsabilidad que debemos asumir. Para comenzar con una alimentación consciente deja de lado la tecnología, cierra tus ojos y piensa en ti. Luego toma un papel y un lápiz, escribe lo que sientes sobre la alimentación, descubre lo que te provoca comer lo que siempre comes. Puedes llevar en un comienzo un diario de lo que comes y lo que esta comida produjo en ti (fue mi forma de empezar y realmente me ayudó mucho). No existe la dieta ideal para todos, insisto, somos todos distintos.

Come más lento; busca la reflexión al momento de comer, tomate tu tiempo, busca esos momentos de silencio, observa, ve los colores, siente los sabores.

Apaga la tecnología; apaga la tele, deja el celular de lado, no contestes llamados, no comas al frente del computador. Dale al acto de comer el respeto que se merece.

Usa todos tus sentidos: siente los sabores, huele la comida, come de vez en cuando con las manos, observa la textura. Te darás cuenta de cosas que nunca te habías dado cuenta antes.

Conoce lo que comes; la alimentación consciente realmente se trata de la relación que tenemos con la comida. De dónde viene lo que comemos, cómo crece o de dónde nace, cómo llega a mi plato. Busca la cadena detrás de eso que estás comiendo, lee sus ingredientes. Prueba teniendo un mini huerto o visitando plantaciones, descubrirás cosas que no sabías. Empezarás a apreciar más de cerca la comida.

Analiza e interioriza tus decisiones: Date cuenta de lo que estás comiendo y el sentimiento que esto te produce. Escríbelo, piénsalo, reflexiónalo, tú decides como llevas este proceso, pero hazlo parte de tu vida.

Verás, la alimentación consciente no se asocia a un tipo de comida o una dieta en específico. Es un proceso personal e íntimo, que no necesita ningún sufrimiento ni gasto de dinero. Es práctica, paciencia y reflexión.

MUJER HIT

Taira Sedini

Instagram @tairasedini