ALIMENTACIÓN INTELIGENTE: CAMBIANDO MALOS HÁBITOS POR BUENOS

Cuando partí corriendo periódicamente hace casi 10 años, comencé a interesarme por alimentarme mejor para sacarle mejor provecho a la rutina. Al mismo tiempo, en la medida que el entrenamiento se fue haciendo más exigente, más ganas me daban de “premiarme” y darme “los gustos” que me merecía por haberme esforzado tanto por ejercitarme. Hoy me pregunto, ¿Por qué debería premiarme con alimentos que no aportan nada bueno a mi organismo? Si estoy poniendo todo de mi parte por tener un cuerpo sano y fuerte, ¿no debería mejor preocuparme por satisfacer con mayor razón esas necesidades alimenticias?

Bueno, somos humanos y no robots. De vez en cuando, salirse y comer algo chancho es… ¡Hasta saludable! Porque quitamos esa ansiedad que provoca el control y el restringirse. Alimentarnos en forma saludable es una elección que involucra varias decisiones en un día: “me comeré un muffin, si total solo me tomé un café en la mañana”, “voy a almorzar pura lechuga y no comer nada más”, “el único gusto que me doy es la bebida, no la pienso dejar”. Estaba pensando en esto, porque todos los días nos enfrentamos a estos dilemas con nuestra fuerza de voluntad, nos hacemos atajos mentales para convencernos que nuestros malos hábitos son aceptables y están bajo control, sin darnos cuenta que podemos planificarnos y no sufrir con las culpas y remordimientos.

Pero hablar de esto sin proponer una solución no es constructivo y es así como el otro día, probando un alimento saludable de esos que están de moda, se me ocurrió escribir sobre formas para cambiar malas costumbres por mejores alternativas. Las invito a revisar la selección que hice para reemplazar algunos alimentos malos por buenos y llevar una alimentación inteligente:

1. Té Kombucha por bebida: fue probando este #trendingtopic que se me ocurrió escribir sobre esto. Mi primer pensamiento al probarlo fue “esto parece bebida”. No sé si habrá sido esa suave gasificación o el sabor que deja el té en la boca, pero lo encontré igual de refrescante que un vaso de coca-cola con hielo. Si eres de las que ya lograste quedarte en la elección “light” de tu bebida favorita, lamento contarte que es un alimento que no aporta ningún beneficio nutricional y claro, lo único que la salva, es que no tiene el aporte calórico en azúcar que las versiones normales. La bebida light generalmente tiene Aspartame, Sodio, y otros elementos que alterarán tu cuerpo generando dependencia. Sé que el té Kombucha no es lo mismo, pero si haces el ejercicio de reemplazarlo, quizás puedas “entrenar” al cuerpo a volver a lo natural. La Kombucha por su parte tiene probióticos y enzimas que promueve la desintoxicación del organismo, ayudando a mejorar la función hepática y promoviendo el balance de flora intestinal.

2. Ghee por mantequilla: el ghee es mantequilla de buena calidad a la que se le han retirado proteínas, azúcares y agua. Yo la conocí hace dos años, pero no fue hasta hace un par de meses que me decidí a comprarla y reemplazarla por la mantequilla, porque además había elegido consumir menos de esta, porque sigo tratando de bajar mi porcentaje de grasa corporal. El ghee es muy común en la comida india y pakistaní, y muy usado por la medicina ayurveda. Se obtiene mediante a un proceso de calentamiento lento, lo que además lo hace perfecto para freír y saltear, porque a diferencia de otras grasas y aceites, el ghee soporta muy bien las altas temperaturas sin alterar su composición. Entre sus propiedades, se ha descubierto que mejora el funcionamiento de pulmones, hígado y del sistema inmunológico; favorece la digestión, el tratamiento de trastornos digestivos y la correcta asimilación de alimentos; contiene ácidos grasos no saturados; contribuye al proceso de desintoxicación, disminuye la anemia y los desórdenes asociados a la sangre; es un antioxidante natural y lubrica las articulaciones y es apta para intolerantes a la lactosa. ¡No por nada le dicen “el oro líquido”! Huevos revueltos, verduras salteadas, aceitar la fuente para un queque, yo hasta lo unto en el pan (para quienes no soportan la idea de perder esa simple, pero esencial dupla), el reemplazo es simple. Lo único que le juega en contra es el precio, pero a mí incluso me ha ayudado a limitar el consumo de grasa. Lo encuentras en tiendas gourmet.

3. Pan integral por pan blanco: quizás es el hábito más fácil de cambiar, pero no está de más recordar por qué es mejor preferir uno por sobre el otro. Es importante aclarar que una rebanada de pan de molde blanco tiene casi las mismas calorías que una rebanada de pan de molde integral, por lo que no es llegar y cambiar esa marraqueta por cuatro rebanadas de pan negro, porque no engañamos a nadie y probablemente vas a tener superávit de calorías al final del día. La diferencia fundamental entre blanco e integral radica en que el primero se hace a partir de harinas sin refinar, con mayor cantidad de salvado, lo que lo hace más rico en fibra, en sales minerales y en vitaminas del grupo B. Si vas a incluir pan en tu dieta, que sea el que te aporta más nutrientes ¿o no?

4. Chocolate alto en cacao por chocolate de leche : el talón de Aquiles de muchas. Acá yo también busco convencerme, porque si bien creo que el chocolate amargo es muy rico…el adictivo sabor de un buen chocolate de leche pone a prueba la ansiedad de cualquiera. Más allá de controlar esas ganas de comer chocolate, reemplazarlo por uno de calidad con alto contenido de cacao es hasta nutritivo: es rico en fibra soluble, hierro, magnesio, cobre, manganeso y otros minerales. Estudios avalan que su consumo estimula las endorfinas, la sustancia producida por la glándula pituitaria y el hipotálamo que, entre muchas funciones, son las encargadas de producir la sensación de bienestar y placer. Si eres de las que necesita comer algo dulce de vez en cuando después del almuerzo, dos cuadraditos de chocolate con al menos 70% de cacao te servirán para saciar el antojo y beneficiarte con sus propiedades.

MUJER HIT

Ale Krebs

@fit.fiu

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