ERES UNA CARBOADICTA?

Esta semana estuve leyendo un artículo del New York Times que me pareció sumamente interesante y quiero compartirlo hoy contigo. Se refiere a la adicción a los carbohidratos y por qué es tan difícil disminuirlos en nuestra alimentación. Debo admitirlo, soy una carboadicta.

A la gran mayoría de los adictos nos pasa que cada vez que queremos darnos esos “gustos” y comernos, por ejemplo, un pedazo de torta, un buen plato de pasta o incluso un sándwich, nos cuesta sentirnos saciados y más aún, después de la primera cucharada sólo sentimos ganas de comer más, y ojalá mucho más. ¿Por qué pasará esto?

Para intentar explicar este fenómeno hay que aclarar ciertos conceptos de nutrición.

La mirada convencional sobre la obesidad nos decía que se trataba de un desbalance entre lo que se consumía versus lo que se utilizaba. En resumen, la ecuación consistía en igualar las calorías que comías versus las que eliminabas.

Hoy, doctores emblemáticos domo Dr. David Ludwig de la Universidad de Harvard y Dr Robert Lustig endocrinólogo de la Universidad de California (nada mío, al menos no cercano) señalan que el problema de la obesidad es un problema hormonal, donde la insulina juega un rol fundamental.

Cuando se eleva la insulina, el cuerpo “apaga” el sistema que quema grasa y prende el sistema de “quemar carbohidratos” para usarlos como combustible. Esto hace que, por necesidad, el cuerpo nos pida más carbohidratos y nos den esas ganas de comer mucho más. Entonces, mientras más insulina liberas, más antojos de carbohidratos vas a tener.

En el largo plazo, este exceso de insulina y estos “disparos constantes” pueden generar enfermedades como diabetes tipo 2. Los carbohidratos y azucares son los alimentos que mayor índice glicémico tienen y por lo tanto se consideran los mayores gatilladores de insulina. Esto hace que consumir carbohidratos sea “engordador”.

La buena noticia, como señala el Dr. Lustig, es que una vez que los carboadictos seamos capaces de bajar los niveles de insulina en nuestra sangre, podemos rehabilitarnos y convertirnos en menos carboadictos. Pero como cualquier adicción, debemos trabajar en esto en el largo plazo.

¿Como minimizar el consumo de carbohidratos y azúcar entonces? Reemplazándolos por grasas saludables. La grasa nos satisface más y no estimula la secreción de insulina. Comiendo comida rica en grasas saludables, ayuda a parar la necesidad de comer más, el efecto opuesto a lo que producen los carbohidratos.

También, como todo adicto, es necesario que “limpiemos nuestra casa”, es decir evitar comprar productos ricos en azúcar o situaciones en las que la tentación es casi inevitable (salir en familia a tomar helado).

Puede ayudarte, desarrollar planes para aquellos momentos en que somos más susceptibles de caer. Por ejemplo, después de comida, cuando tienes esas ganas locas de comer un pedazo de chocolate, puedes evitarlo tomando una agüita de menta o de alguna hierba “dulce”.

O reemplazar el chocolate de leche por uno amargo que se parece mucho pero que probablemente no te va a llevar a comer la barra entera.

Para los adictos como yo, que caemos una y mil veces (porque es MUY RICO comer carbohidratos y azúcar) es un alivio entender que esto sí puede “controlarse”. La invitación aquí no es a dejar de comer carbohidratos ni cortar el azúcar de raíz, sino que a limitarlos. Cómelos, disfrútalos en moderación y entiende que es muy difícil comer “solo un poco” y que por lo tanto debe comerse menos veces. Evitémosle al cuerpo el enorme trabajo que significa equilibrar los niveles de insulina en la sangre y así el riesgo de tener diabetes en el largo plazo.

MUJER HIT

Magdalena Lustig

Consultora Nutrición Saludable

Nature Care College, Sydney

@magdalena.lustig

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