DEL AMOR ROMÁNTICO AL AMOR DE PAPEL

Llegó febrero, llegaron los chocolates, llegó el ramo de rosas, llegó el globo de helio (horrible) con la frase en inglés jamás usada en la vida en ninguna cosa “ai lav llu”, llegó el peluche, llegó el boom comercial, llegó la idea de amor romántico, que por cierto, debo admitirles, yo también, hace hasta algunos años atrás, celebré el amor con alguno de esos rituales estratégicos del capitalismo patriarcal.

Lo que a continuación relataré corresponde a un extracto autobiográfico ni tan trágico, ni tan cómico, como la vida misma, que creo necesario exponer previo a un análisis en torno a la idea del “amor”. ¿Por qué es autobiográfico?, porque para la suerte de todos, cada uno siente que puede con propiedad hablar del tema, porque todos lo hemos sentido alguna vez en la vida y me encantaría que pudiendo relacionarlo con sus propias experiencias, logremos juntas llegar a sacar nuestras propias conclusiones.

El día de San Valentín, día del amor o día de los enamorados, viene a recordarnos que tú, amiga, NO deberías encontrarte soltera, que deberías tener una pareja, y no cualquier pareja, sino una de tipo heterosexual, estable y ojalá muy pronto con vías al matrimonio, la bendición, la casa y el perro. La idea de amor romántico viene a educarnos en el concepto del amor eterno y único para toda la vida, porque es así como funciona perfecto para el sistema. Este moldea las relaciones humanas, estableciendo un constructo a su conveniencia que le permitirá mantener su status y a su vez la ideología del sentido de pertenencia, que es básicamente el concepto de propiedad privada, concepto que como todos bien sabemos, lo sustenta.

El concepto de propiedad privada, es un constructo que nos enseñan a aplicarlo también en nuestra forma de relacionarnos con nuestras parejas, de ahí el amor romántico. Desde pequeñas aprendimos una idea de amor de pareja que nos hizo creer que NECESITAMOS a un individuo a nuestro lado, un compañero que viene a complementarnos como si nosotras mismas no fuéramos lo suficiente para subsistir, como si desde el momento en que nacemos estuviéramos incompletas. Esa idea nos lleva a pasar toda la vida buscando, esperando o pensando en la llegada de esa mitad, es aquí donde surge el concepto de “media naranja”, de ahí esas ideas principescas que nos hacen pensar que debería algún día llegar a nuestras vidas el gallardo príncipe a rescatarnos, ¿de qué? De la soledad en este caso, porque sola no vales nada, sola no le sirves al sistema, sola no podrás procrear bendiciones, sola no tendrás un casamiento, por ende no adquirirás una casa, de ahí el ideal para este sistema patriarcal de mantener los derechos de la mujer por debajo del hombre, de ahí la religión y el estado apropiándose de nuestro cuerpo, de nuestro derecho para decidir sobre él, limitando nuestros derechos reproductivos, de ahí también surge el por qué las mujeres ganamos una remuneración más baja en relación a los hombres, el sistema “te la pone difícil” para que tú amiga en algún momento requieras que ese príncipe azul te rescate.

Yo viví el amor romántico, o fui víctima de este mejor dicho. Cuando tenía 3, cuenta mi madre que en ocasiones me enojaba no tener un pololo como ella (mi padre), anhelaba uno y me frustraba no poder hacerlo. Cuando tenía 5 tuve mi primer pololo oficial, mi vecino, y digo oficial porque así quedó estipulado por ambas partes, es más, contraje matrimonio a los 6. Recuerdo muy bien los sentimientos de la Sandra chica, sentía celos, de verdad que sí, pues como sabemos los celos provienen del sentido de pertenencia, él era de mi propiedad, tal como me lo habían enseñado, me la pasaba espantando a toda niña del pasaje que se le acercara, como si cada una de ellas resultara ser mi competencia. A los 13 años di mi primer beso, con un compañero de 8vo del colegio, recuerdo que me gustaba desde 6to, pero había aprendido que una niña que se hace respetar espera el primer paso del varón, así que me la pasé fantaseando con él 2 años hasta que el lolito se enteró de que le amaba en secreto y decidió concertar un encuentro vergonzoso en una placita del barrio, al cual muerta de susto asistí. Nos sentamos en una banca, y nos dimos un solo beso. Debo decir que todas las ideas inculcadas a través de las teleseries mexicanas que vi con mi madre, María la del Barrio y esas cosas, fueron culpables del sudor en mis manos, mis pies en las nubes y las mariposas en el estómago. Pero fui feliz la milésima de segundo que duró ese beso, mi expectativa decía que después de eso se venía el casorio, oooobvio, pero la realidad fue que para el lolo ese beso no fue tan importante como lo había sido para mí (aquí suena música triste) porque me la pasé recordándolo y siéndole fiel a nuestra súper seria relación imaginaria durante meses.

A los 15 conocí en el colegio a mi primer pololo no imaginario, recuerdo que el chico era feo pero popular y como por casi presión social acepté ser su polola, a partir de eso me gané el odio del género, full bullying, amenazas y violencia que tuve que soportar porque claro, en ese momento yo era la competencia para las compañeras. Resulta que se supone que me enamoré en 2 días, y a los 4 meses de pololeo, el lolo me pidió “la prueba de amors” y como no se la di, una tarde de invierno en el paradero, se acercó y me dijo: “no soy yo, eres tú”. Se terminó, cambié de colegio porque el establecimiento no logró dar respuesta al problema de bullying que a partir del término aumentó, ya que lastimosamente fui objeto de burlas de mis compañeras que decían que “yo era muy poco mujer para responder a las necesidades de macho” del lolo en cuestión.

A los 17 conocí a mi 2do pololo, relación que duró 6 años, no puedo decir que estuve enamorada, creo que el concepto de enferma lo define de mejor forma, ya que como buena víctima del amor romántico, esta fue la relación fiel reflejo de esta idea. Amiga, te digo, el tipo era el hombre más romántico y detallista que puedas haber conocido en tu vida, créeme, pero no era más que un lobo disfrazado de oveja, porque en su esencia era un monstruo con mucho talento, sí, envolvía y manipulaba de tal forma que me vi a mí misma literalmente atrapada en una relación tóxica de la cual me era casi imposible salir, porque por supuesto cuando lo intentaba a él le surgían unas ganas mágicas de lanzarse al Mapocho. Viví con él las cosas más horrorosas de mi vida disfrazadas de amor romántico, y aun sabiendo eso estaba completamente convencida de que él era el príncipe azul que me tenía que rescatar, él mi complemento, mi media naranja, como diría Fey (I love 90 foreva) él el indicado, con él inventé nombres para las bendiciones, adapté mi forma de vestir porque él no soportaba que la carne que a él le pertenecía fuera deseada por otro macho, tuve que alejarme de mis amigas porque eran muy mala influencia para mí y ensuciaban mi reputación, me alejé de mi familia porque eran malas personas que sólo querían aprovecharse de mí, en un momento me vi completamente sola y aferrada a él. Tuve que desprenderme de mis ideales, de mis deseos y de mi capacidad para tomar decisiones por mí misma, todo esto pintado de una forma romántica, por supuesto que sí, ya que todo lo que él hacía “lo hacía por mi bien”, ya que por cada error o daño, aparecían ramos de rosas, aparecía el no puedo vivir sin ti (lanzazo al Mapocho), por cada celo aparecía un “es que mi amor yo te amo tanto que te quiero sólo para mí, eres mía, eres mía, eres mía…” en fin, gracias a la vida eso acabó hace muchos años, era una niña, ¿pero saben qué? No lo lamento, estoy infinitamente agradecida de ese episodio de mi vida porque gracias a eso, soy lo que soy hoy en día.

Aprendí a porrazos que no necesito a nadie para complementarme, no estoy vacía, ni me falta una mitad, yo estoy completa y soy yo entera suficiente para mí misma. Aprendí a no conformarme por miedo a estar sola. Aprendí que el amor no debe ser romántico, aprendí que este destruye, de una u otra forma. Sé que más de alguien dirá, pero ¿qué tiene que ver el amor romántico con la violencia?, el amor romántico es siempre violento, sobre todo de forma simbólica, en distintos niveles y formas pero siempre lo es, se manifiesta a través de signos tan naturalizados como los celos, porque deseas que esa persona te pertenezca, no quieres compartirlo, es de tu propiedad. Amiga, los celos no son normales, son aprendidos porque forman parte del constructo que te han inculcado desde niña respecto al amor, esa persona es un individuo igual que tú, no eres su dueña ni él el tuyo. El amor romántico implica manipulación psicológica de manera casi inconsciente, porque te aferras de tal forma a esa idea de amor eterno que no soportarías perderlo.

Ha pasado mucho tiempo. Hoy, a mis 30 años, puedo decir que he conocido personas de todo tipo, algunos “pasteles”, algunas inolvidables y otras que ni recuerdo sus nombres, (perdón y saludos) pero cada uno me ha dejado algo que me enriquece y me hace sentir muy afortunada como mujer. Me encanta la idea de apreciar a cada persona como un viaje, trato de recorrer el camino sin pensar cómo y cuándo va a terminar, en cada relación me desprendo un poco más de los celos, del sentido de pertenencia, de la idea de amor eterno, creo que esta última enloda la experiencia enriquecedora de compartir en un determinado momento de tu vida tu ruta, sin modificarla, sin conformarte, sin verte obligada por miedo a estar sola o por la idea de amor romántico a soportar traiciones, infidelidades, o violencia simbólica, y aquí quiero citar a Simone de Beauvoir, que en su libro El segundo sexo nos dice: “el amor auténtico debería basarse en el reconocimiento recíproco de dos libertades, cada uno de los amantes se viviría como sí mismo y como otro; ninguno renunciaría a su transcendencia, ninguno se mutilaría, ambos desvelarían juntos unos valores y unos fines”.

No asumamos el amor como si este fuera una meta o un proyecto de vida, hay que vivirlo como parte de la misma, vivirlo de esta forma nos brindará la verdadera esencia del amor, aprender durante un proceso de autoconocimiento que proviene del reflejo de ti mismo que se genera al compartir con esa persona, un proceso que te enriquece, que te brinda a partir del otro aquellos regalos que la vida pone en tu camino y que te permiten crecer.

Creo en la idea de tomarnos la libertad de conocer muchas personas a lo largo del camino, de compartirlo intensamente con ella en determinados momentos de tu vida, ser feliz, gritar, sentir, abrazar, besar, reír, llorar, vivir ese instante, que por cierto no sabemos si será para siempre, porque amiga, ¿qué es para siempre? podría ser incluso un segundo. Creo en la idea de no conformarse por el miedo a estar solo, por el que dirán o la presión social, porque si no tienes pareja no valdrás nada, que no importe lo que te digan o lo que te establezca la sociedad, date la libertad de conocer e ir más allá del constructo y a través de esto podremos alcanzar relaciones espiritualmente mucho más enriquecedoras entre ambas partes, conexiones sanas y vínculos de respeto por tu compañero que se supone debería hacerte sentir libre, el amor verdadero siempre es libre, el amor no tiene porqué atar, ni poseer, ni someter.

Y bueno, como no puedo olvidar a mi alter ego Proyecto Grulla, pensando en la forma que elegimos a la persona que nos acompaña en cada ruta o momento de nuestra vida, llegué a una comparación entre esto último y la elección de papel indicado para iniciar proyectos de papiroflexia. Ustedes dirán Qué??? Ok, les explico, muchas clientas y no clientas que quieren poner en práctica el Origami, me han consultado por la elección de papel que realizo a la hora de comenzar un trabajo en Proyecto Grulla. Pero antes de responder a esto quiero que realicemos un ejercicio, algo así como un juego alegórico, pretendiendo que cada uno de los tips que les entrego para la elección del papel está asociado a nuestra forma de relacionarnos y de cómo podemos llegar a escoger un vínculo de amor con las personas que llegan a nuestras vidas.

Punto uno: el papel está en todas partes

Una de las ventajas que tiene el arte del origami, es que su materia prima la puedes hallar en múltiples lugares, por lo tanto practicarlo puede convertirse en una actividad de bajo costo, sin embargo, tu necesidad y tu meta determinarán el papel que necesitas.

Punto dos: tener clara cuál es tu meta

¿Cuál es el tipo de trabajo que deseo realizar? Lo que tú necesitas no es lo mismo para todos, concéntrate en el resultado que quieres obtener para elegir las bondades que puede ofrecerte determinado papel, por ejemplo: si quiero realizar un trabajo en origami modular el papel tendrá características distintas del origami clásico.

Punto tres: No te límites al Papel para origami = “papel indicado”

El papel que elijas sólo tú sabrás si es el apropiado. Existe en el mercado el papel washi, que es básicamente papel hecho a base de fibra de arroz o bien papel japonés. Debo admitir que poseen una consistencia exquisita para plegar, sin embargo, en lo personal no me gusta para usarlo en el origami modular, por ejemplo cuando realizo módulos para los cuadros. Lo que yo hago es elegir sólo el papel que puedo tocar con mis manos. Siempre recomiendo sentirlo y probarlo con anterioridad. Hay veces que esto no se puede realizar porque vienen sellados y envasados, pues cuando es así, tomo el riesgo, lo compro, lo pruebo, lo siento, y luego decido si es el apropiado. Lo importante es tener claro que nadie puede decirte que el papel es el apropiado sólo porque dice “papel para origami” o si por el contrario NO es papel para origami, ¿cómo puedes saber que es el indicado si no lo has vivido en tus propias manos?. No te limites, ni te conformes, muchas veces te venden un tipo de papel como papel para origami y no alcanza a cumplir siquiera con el 1% de tus expectativas.

Punto cuatro: La apariencia no es más importante que la materia

Para elegir un papel claro que es importante cómo se ve, que estéticamente responda a tu gusto personal. Tenemos papeles de diferentes colores y texturas, para todos los gustos. Sin embargo, el papel para realizar papiroflexia debe ser flexible pero a su vez firme, que permita crear una figura que se mantenga en el tiempo, conservando sus pliegues y no que estos comiencen a devolverse, es decir, el papel comienza a ceder y la figura de origami va perdiendo sus pliegues marcados. Si quieres una figura de terminación pulcra, el papel debe ser capaz de tolerar también el trabajo de tus manos sobre él, es decir, el papel debe adaptarse y brindarte un resultado libre de marcas del pasado. En resumen, un papel bonito estéticamente no te servirá de nada si finalmente la materia no responderá en profundidad a la expectativa del resultado que tienes pensado para tu trabajo.

Punto cinco: El tamaño sí importa

En este último punto podemos omitir un poco la alegoría, ya que sé lo que están pensando, jajaja, pero el tamaño y el gramaje del papel claro que importan. Esto vendría a representar la grandeza de éste, es su espíritu, su interior, de qué está hecho, qué lo sustenta, su esencia, y aquí usaré una palabra que me gusta mucho, vendría a ser algo así como su “muchosidad”, ya que la materia de la cual proviene el papel determinarán su funcionalidad y resultado. Como recomendación les sugiero poner atención o consultar por el gramaje del papel, que para mí lo idea es que no exceda 160 mm. Aunque a veces me he atrevido a experimentar con papel de mayor gramaje, sin embargo el sobre esfuerzo en tus muñecas, manos y dedos de seguro lo notarás y no es algo bueno.

Finalizando esto, como bonus track, para trabajar el origami, y a modo de no experta, sólo personal, les recomendaré lo que uso: papel kraft (diferentes colores), papel charol o papel de regalo, (del que tiene una apariencia brillante, no opaca), papel lustre y en ocasiones compro papel para hacer scrapbook, pero siempre fijándome en el gramaje de éste, para que como ya les indicaba no sufran las consecuencias del sobreesfuerzo en sus manos. Bueno, y por supuesto el papel para origami, sobre todo si estás iniciándote en la papiroflexia, ya que esto se trata de una práctica lenta, requiere tiempo adaptarse a los tipos de pliegues y el uso del papel.

Fin del juego. Lo que hayan alcanzado a metaforizar lo dejo a responsabilidad de la imaginación de cada una.

MUJER HIT

Sandra Sigala

Prof. de Educación Diferencial y Origamista en Proyecto Grulla

@proyecto_grulla

grullaproyecto