EL ORIGAMI, MI TERAPIA: CREAR TE LIBERA

Todo comenzó el día en que dije: “este mundo no es para mí”, voy a crear, crear un “mini mundo” que me permita ser yo misma lejos de toda esa exigencia social que tan latente se siente por el sólo hecho de haber nacido mujer. El sentimiento constante de no lograr “dar en el gusto” sumado a la ira contenida como resultado de negarme a (querer) encajar en el constructo social y femenino, dieron origen a una energía que en algún momento tenía que expulsar. Como bien dicen, la energía no se pierde, simplemente se transforma, eso era lo yo necesitaba y no sabía cómo hacerlo.

Debo antes contarles que soy una orgullosa Profesora de Educación Diferencial, ustedes dirán, “aaay qué linda profesión!”, sí, suena re lindo e idealista, pero no se imaginan lo difícil que es en un mundo socialmente excluyente, lograr que pequeñas personitas sientan que merecen y tienen derecho a sentirse valorados por lo que son y no por lo que se espera que sean. Niñas y niños que, alejados del constructo social, de seguro pasan su vida con el mismo sentimiento y cuestionamiento: “este mundo no es para mí”. Y bueno, está claro, la elección de mi profesión no es coincidencia, pero lo que sí es una bella coincidencia, es como llegó a mí el Origami.

Durante una común y agitada jornada de trabajo docente, en mi escritorio había una grulla de papel. En medio de la clase, me incorporé y enseñándoles a todos mis alumnos la figura de origami, pregunté con cara de asombro y muy histriónicamente: “¿quién es el artista responsable de esta taaan bella obra de arte?” todos miraron con asombro y curiosidad la figurita de Origami, pero nadie se atribuyó el hecho, y bueno, como ya saben, la clase debía continuar…

Valentina, era una niña con Asperger, de inteligencia brillante, personalidad retraída, extremadamente tímida, a quién regularmente se le veía jugando solita, ensimismada en su fantasía, personificando a alguno de sus personajes de historietas que de seguro tenía relación con su interés obsesivo por la cultura japonesa. Justo antes del fin de la jornada escolar, cuando ya me encontraba pensando en el material didáctico que debería tener listo para el día siguiente, Valentina, con su caricaturesco tono de voz y particular dificultad para mirarme a los ojos, se acerca y me dice: yo soy la artista.

No quiero aburrirlos más, ya que este no es un post pedagógico, así que resumo. Posterior a una investigación en relación al tema, a contar de ese momento di marcha a la “Origamiterapia”, como le llamo al plan individualizado que generé a algunos de mis estudiantes con Necesidades Educativas Especiales (NEE), sacando al máximo las fortalezas que brinda este arte de origen japonés al desarrollo psicomotriz, cognitivo, emocional e interpersonal en los seres humanos.

Y fue así, como pasó el tiempo. La “Origamiterapia” comenzó a encantarme, y casi sin darme cuenta, algo que parecía una disciplina psicopedagógica, comenzó a formar parte de mi cotidianidad. Todo me parecía mágicamente plegable; la servilleta de papel sobre el mesón del carrito de Shawarma, una boleta en el almacén del barrio, el flyers de promociones de la Consulta Dental que entregaban afuera del metro Baquedano. Me di cuenta de que el Origami era mi propia terapia, que a mí me hacía sentir bien, así de simple, se sentía bien el papel en mis manos, las que casi como algo natural querían plegar todo el tiempo y en todas partes.

La energía contenida de la cual les hablé en un inicio, comenzó a transformarse en motivación para crear, así es, comencé a explorar nuevas técnicas, nuevos pliegues, dando origen a nuevas composiciones y figuras. Comencé a incorporar nuevos papeles, surgieron nuevas texturas y así también nuevas sensaciones, fui probando nuevos tipos de pliegues, aumentando cada vez más la dificultad. El proceso de plegado se convirtió en mi paz, un reencuentro conmigo misma, un momento de tranquilidad, mi espacio, mi mini mundo, donde sólo yo podía crear formas y los constructos que yo deseara y que por supuesto nadie me imponía. Cada inicio de proyecto en Origami, me parecía un desafío, y el premio era mi satisfacción personal, el resultado; la figura de Origami perfectamente finalizada.

El Origami ya era parte de mi vida. Creo que jamás ha pasado por mi camino persona significativa que no haya recibido de mi parte como obsequio, alguna composición creada por mis manos, (ojo, personas significativas). Siempre he pensado que las cosas hechas con tus propias manos tienen un valor especial, que no cualquiera es capaz de apreciarlo, personas con sentido de pertenencia hacia lo material, jamás lo entenderían. Para valorar el trabajo hecho a mano se necesita contar con una conciencia que está más allá de lo tangible, hablo de la conexión con lo espiritual, hablo de la evolución de la mente y la razón, la real e infinita sabiduría. La energía que proyecto en cada una de mis creaciones es la que transmito a aquellas personas que reciben un obsequio hecho a partir de mis propias manos, en mis creaciones va mi espíritu, va el amor, va mi paciencia, va mi entrega, va mi satisfacción, eso que no está tangible, eso que sólo se transmite a quien verdaderamente alcanza el mismo nivel espiritual que tú.

La satisfacción personal que me brindaba el resultado de una figura de origami, ya no era suficiente, creía que mis creaciones sólo podían tomar vida si las hacia parte de los espacios, y así se dio origen a la idea de Proyecto Grulla, decoración en Origami. Las figuras de papel ahora formaban parte de una escena, donde jugaban colores, distintas texturas y formas, fui incorporando conceptos nuevos, diseñando patrones en composiciones y dándoles movimiento y ambiente. Comencé a crear diseños en base a figuras de Origami que tomaran espacialidad, estética y utilidad, permitiendo ahora decorar distintos ambientes sin perder la espiritualidad y el valor significativo del trabajo hecho a mano.

Proyecto Grulla es más que decoración en papel, mi idea es transmitir la energía de mi trabajo a las personas que eligen alguna de mis composiciones decorativas, energía que se transformó, energía que vibra cuando logro crear, porque al crear eres sólo tú misma, no es tu mente quien está creando, es tu espíritu. No existe creación, sea cual sea; que no contenga tu esencia, tu alma limpia, tu ser, no lo que esperan que seas, no lo que el constructo social te impone y exige.

Mi consejo; ponte a crear, lo que sea, lo que quieras. Es tu verdadero yo el que logra escapar y salir a través de tu creatividad, tus sentimientos más puros, todas aquellas emociones dormidas y reprimidas que se esconden detrás de lo material. Crear te hace ser tú mismo, crear te hace libre, sé libre.

MUJER HIT

Sandra Sigala G.

Prof. de Educación Diferencial y Origamista en Proyecto Grulla

@proyecto_grulla

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