EMPRENDIENDO CON EL PIE DERECHO

Hoy quiero empezar contando que esta columna está inspirada en mi hermana, una emprendedora empedernida que realizó un sinfín de proyectos a lo largo de su vida y hoy, al fin, tiene un negocio que le llena el alma y quiere hacer crecer, pero después de visitarla en las vacaciones, note que para dar el siguiente paso ella debe analizar seriamente constituir una sociedad… y estas son, a grandes rasgos, las razones.

Partamos con lo básico. La sociedad es lo que en derecho llamamos una “persona jurídica”, lo que significa que la ley entiende en la sociedad a una persona, así como tú o yo, que tiene nombre, rut, patrimonio y, por tanto, podrá realizar negocios independiente de su dueño. Y es precisamente este último punto lo más importante de constituir una sociedad, ya que, al ser una persona distinta a su dueño, los actos que se hagan a través de la sociedad afectarán al patrimonio de ésta, sin afectar el patrimonio personal del dueño. Llevando el ejemplo al extremo. Si tú tienes una casa a tu nombre y a tu negocio, que manejas a través de la sociedad, no le va también, los acreedores no van a poder acceder a vender tu casa para pagar las deudas de la sociedad.

Por otro lado, si el negocio lo manejas con algún partner, iniciar una sociedad puede ser muy efectivo para poder mantener todo en orden. La verdad es que cuando se inician proyectos todos tienen muy buena voluntad en que todo salga bien. Pero en el camino se generan diferencias y la sociedad en ese momento juega un papel importante para no afectar el negocio. Esto porque, al crearse las sociedades, los socios aportan un capital en ella, y a partir de ese capital se definen las utilidades que recibirá cada socio al final de cada año y el límite de la responsabilidad de cada socio respecto de los negocios que se realicen en la sociedad. Es decir, de alguna manera se genera un orden general con el dinero invertido, las ganancias y pérdidas del negocio. Asimismo, los estatutos son las normas que rigen a la sociedad y sus socios y, en él, se define quienes tienen poder para actuar en nombre de la sociedad. Por ejemplo, habiendo dos socios, ellos pueden acordar que podrán actuar cada uno por separado para firmar contratos de publicidad, pero deberán firmar los dos en conjunto cuando quieran emitir un cheque.

Por otro lado, desde el punto de vista comercial, mi experiencia me ha mostrado que, si tu negocio contrata con grandes empresas de nuestro país, estas últimas – por política interna, mas no por obligación legal – exigen que sus proveedores sean sociedades y no personas, por lo que, por un asunto de acceso al comercio, pareciera ser recomendable que presentes tus proyectos a tus clientes como sociedad. Ahora bien, si se aprecia desde el punto de vista legal, la suscripción de contratos es aceptar y asumir obligaciones y responsabilidades, por lo que, si ya se han firmado varios contratos o siendo pocos son de gran envergadura y responsabilidad, mi sugerencia es que esos contratos se asuman con el patrimonio de una sociedad.

Ahora, estos son conceptos generales que dan luces de lo recomendable que es tener una persona jurídica, entonces, si después de lo ya dicho te gustaría analizar esta opción, te dejo algunos tips para que veas si es el momento para aplicarlo a tu negocio:

Si el negocio es manejado por uno o más socios.

Si tienes bienes propios que te gustaría proteger (casa, auto)

Si ya llevas un tiempo en el negocio y estas generando utilidad constante

Si estás pensando en emitir facturas

Si tienes un alto volumen de contratos, ya sea proveedores o clientes

Si quieres definir de manera más estricta cómo se administrará el negocio cuando hay varios socios.

En próximos post, trataré cuáles son las sociedades más convenientes para emprendedores, pero de antemano recomiendo que, tomada la decisión, se ejecute con la asesoría de un abogado, porque una sociedad mal constituida puede resultar en más problemas que beneficios para tu negocio.

Feliz Marzo! Que las pilas duren mil!

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