¿ESTAMOS EN EL FIN DE LA GUERRA CONTRA LAS GRASAS?

Por décadas nos hemos (y han) convencido de que las grasas son nuestras peores enemigas, causándonos enfermedades cardiacas, hipertensión, obesidad etc. Hoy, el discurso ha cambiado y la ciencia nos está revelando que no son las grasas lo que está dañando nuestra salud. ¿Cómo afrontar este nuevo conocimiento?

Si tienes más de 30 años o quizás menos, creciste comiendo esas hallullas calentitas a la hora del té, llenas de mantequilla. O si tuviste suerte, en tu casa había todo tipo de “fritangas” que hoy casi no existen en formato casero, como los calzones rotos, las sopaipillas y papas fritas. Esto era una práctica habitual hasta que durante la década de los 80, el gobierno de USA intentó hacerle la mayor guerra a las grasas antes vista, culpándola de todas las enfermedades crónicas que aumentaban en el último tiempo.

La conclusión, después de más de 40 años es la siguiente: el experimento ha fallado. A pesar de cortar casi toda la grasa de la alimentación, los datos de salud sólo han empeorado. La diabetes tipo 2 aumentó en un 166% desde 1980 a 2002, las enfermedades cardíacas siguen siendo la causa número 1 de muertes en USA y los datos de obesidad se disparan día a día.

Según expertos, parte de la explicación es que, al sacar las grasas de nuestra dieta, la comida quedó con sabor a “nada”, simplemente cartón. Los productores entonces decidieron añadirle azúcar para así hacerlos apetitosos. Esto nos ha llevado a que hoy aproximadamente el 80% de los productos de un supermercado contienen azúcar y nosotros ni siquiera nos damos cuenta. Así, al eliminar la grasa de nuestra dieta, aumentamos el azúcar en la mayoría de los alimentos lo que, en parte, explica el por qué estamos hoy más enfermos que hace 40 años.

Es hora de mirar los beneficios de las grasas que son muchos. Sabemos que las grasas instauradas como el aceite de oliva y el omega 3 nos protegen de las enfermedades cardíacas. Hoy estudios han descubierto que las grasas saturadas (a esas que le teníamos terror antes y que son básicamente las que son sólidas a temperatura ambiente) son más complejas de lo que pensábamos y que, en moderación, tienen efectos positivos en nuestra salud. Entre ellos encontramos la capacidad de producir células reproductivas, permitir la absorción de vitaminas A, D, E, F, K., construir parte del tejido de nuestro cerebro, mejorar nuestro sistema inmune, hidratar nuestra piel, entre otras. Incluso hoy en día encontramos meta- análisis (básicamente estudios sobre muchos estudios) que señalan que la relación entre grasas saturadas y enfermedades cardíacas no es tan clara como se pensaba.

Por esto, te invito a que vuelvas a comer grasas naturales (todas menos las grasas trans y que lo hagas sin culpa). Come el pan con mantequilla en vez de margarina, incluye aceite de coco en tus recetas, disfruta de la bondad y facilidad de los frutos secos como snack y si quieres, incluso empieza a tomar leche entera y sólo añádele un poco de agua para hacerla más liviana. La grasa natural en moderación le va a hacer bien a tu cuerpo, lo va a llenar de energía y probablemente lo va a dejar satisfecho por mucho más tiempo. Más que preocuparte si lo que vas a comer engorda o no, preocúpate de su calidad, de cuan “real” es lo que estas comiendo y hazlo sin culpa, pero con moderación. Esto seguramente va a traer buenos resultados a tu salud y energía sin significar un aumento en tu peso.

MUJER HIT

Magdalena Lustig

Consultora Nutrición Saludable

Nature Care College, Sydney

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