MENTE Y CUERPO: MÁS UNIDOS DE LO QUE CREÍAS

El tema de la relación mente – cuerpo ha sido bastante abordado en el ámbito terapéutico. Durante muchos años predominó el paradigma dualista respecto a que mente y cuerpo eran cosas distintas, sin embargo, hoy en día, y cada vez más, se incorpora el paradigma holista (proveniente del griego “holos” que significa todo, entero, total) respecto a que mente y cuerpo estarían interrelacionado y serían en definitiva, una misma cosa; un sistema que funciona como un todo, determinando cómo se comportan las partes entre sí.

Hoy en día diversos autores abordan la existencia de una visión integradora de la enfermedad, planteando que existiría una estrecha relación entre psiquis y enfermedad. Podemos encontrar textos tanto de profesionales de la medicina como de la psicología que abordan estas temáticas “Los diálogos del cuerpo”, “La enfermedad como camino” o “El gran diccionario de las dolencias y enfermedades” son solo algunos de ellos.

En palabras de la psiquiatra Adriana Schnake “No tendría por qué existir la psicoterapia separada de la organoterapia. Ninguna acción sobre el ser humano puede dividir lo que no tiene posibilidad alguna de ser dividido ni separado. Ninguna acción de este tipo tiene vías de acceso separadas, ni vías de acción que no estén interrelacionadas”.

Bajo esta visión, lo que se propone es que los diversos síntomas de las diversas enfermedades tendrían una interpretación de aspectos emocionales inconscientes, siendo la expresión visible de un proceso invisible.

Diversas corrientes de tratamiento psicológico incorporan en sus visiones de tratamiento la creencia de que, por cada enfermedad con componentes físicos, existe también un componente psicológico- emocional que debe ser abordado. Desde un simple resfrío hasta afecciones mucho más complejas como un cáncer, y las afecciones dermatológicas no serían la excepción

Lo que se deduce de esto es que cada vez que una emoción se activa, algo del cuerpo estaría comprometido, lo registre o no la conciencia. Esto, ya que el cuerpo actúa como un territorio apto para la que lo psíquico se encarne.

Es así como la mantención de una mala salud emocional, por llamarlo de alguna manera, puede debilitar el sistema inmunológico del propio cuerpo, volviéndolo más propenso a padecer resfriados y otras infecciones durante las épocas emocionalmente difíciles.

Podemos entender a partir de esto que la enfermedad es un estado en el que se hace evidente que hemos dejado de estar en orden o armonía, ofreciéndonos entonces una oportunidad de detenernos en la vorágine del día a día y poder mirar qué está ocurriendo con nosotros y nuestras vidas.

Es importante en este contexto aprender a “leer” lo que la enfermedad nos quiere decir… a veces lo que necesitamos es mirar para adentro y/o aprender a pedir ayuda, ya que las más de las veces, los síntomas son avisos de que algo no anda bien, pero no somos capaces ni de escuchar, ni de entender ese aviso. En general, el correlato psíquico se refiere a emociones “mal administradas” o emociones mal vividas o no vividas.

Lo que sí tenemos claro es que el cuerpo actuaría como un reservorio de emociones que son reflejos de la actividad anímica. Por esta vez, nos centraremos en la piel específicamente.

La piel es el órgano más grande del cuerpo humano y actuaría como una hoja en blanco que funciona como un reflejo de las emociones. De alguna forma, la piel cumple la función materna; protegiendo, nutriendo, acariciando y cobijándonos del mundo exterior.

Por otro lado, nuestra piel es nuestra carta de presentación al mundo, nuestra ventana y conexión al mundo social, hecho por el cual se pone en juego directamente temas relacionados con la autoestima, la vergüenza y la aceptación.

La piel ayuda a establecer contacto con otras personas, pero también puede ser un medio para aislarse. Una persona puede avergonzarse tanto de lo que es o de lo que podría ser, que se rehúsa a acercarse a otro y utiliza su problema como excusa para el contacto físico, volviéndose intocable.

En las enfermedades de la piel sería necesario preguntarse entonces, ¿cómo manejo o gestiono mi estrés diario?, ¿qué es lo que estará tratando de salir a la luz?, ¿será que me aíslo excesivamente?, ¿por qué será que evito el contacto con los otros?, si es que hay algo que me genera picazón ¿qué es lo que realmente me pica?

La invitación es en este sentido a empoderarse del lenguaje de los síntomas en el propio cuerpo, para comenzar a hacerse cargo de mantener la gestión de una buena salud emocional (que como anteriormente hemos dicho, sería tanto emocional como física).

Esto implica mirar los distintos síntomas, como un sistema de alarma de hábitos o formas de afrontamiento ante diversas situaciones, por ejemplo, las situaciones estresantes. Revisar patrones relacionales y estar conscientes de los propios sentimientos y pensamientos recurrentes en general.

El espacio de la psicoterapia brinda el espacio necesario para abordar estos y otros problemas que los consultantes puedan estar haciendo conscientes, refiriéndolos como necesarios de trabajar, pudiendo aludir a ansiedad o depresión entre otros.

Existen además otras técnicas que pueden abordarse durante un proceso terapéutico que son la entrega de técnicas de relajación, visualización, meditación o mindfulness enfocado a las diversas necesidades que cada uno pueda tener.

Finalmente aclarar que cualquier persona que se encuentre interesado en dar una mirada hacia el correlato emocional de las enfermedades no deberá optar por un tratamiento psicológico o médico, esto, ya que ningún tratamiento psicológico reemplaza a un tratamiento médico, sino que son procesos que se complementan entre sí.

MUJER HIT

Catalina Cerda

Psicóloga Clínica de la Universidad de Santiago, Diplomado en Psicoterapia Sistémica Familiar, y en Terapia Floral

Psicoterapia Floral Catalina

psicoterapiafloralcatalina@gmail.com

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