Y SIN DARTE CUENTA PASÓ DEMASIADO RÁPIDO

Y sin darme cuenta pasaron nueve meses y tuve un hijo. Me decían que disfrutara su tiempo de guagua, que el tiempo pasaría volando. ¿Como puede ser posible que pase el tiempo volando, si los minutos parecen horas y los días parecen nunca acabar?

“Imposible” pensé. Mis días se redujeron a rutinas de regaloneos, besos y días de cama. Mudar, dar papa, sacar chanchitos, mudar de nuevo, hacer dormir, dar papa y repetir por el resto del día. Prácticamente no distinguía entre día y noche, pues pasaba noches en vela y mañanas enteras durmiendo. Me miraba al espejo y parecía que nunca más iba a tener tiempo para arreglarme o para salir… Sin embargo, pasó y pasó sin darme cuenta. Un día miré a mi hijo y lo vi como niño, independiente, curioso, movedizo, cariñoso, risueño y ruidoso. No puedo creer que tenga nueve meses, no puedo creer que coma, que gatee y que prácticamente camine.