TRASTORNOS ALIMENTICIOS: CUANDO EL FITNESS NOS LLEVA A LA OBSESIÓN

Decidí hablar de este tema no porque lo haya vivido, pero porque he estado al borde, porque me he sentido vulnerable y me he dado cuenta de que a muchas personas les ha pasado lo mismo. Los trastornos alimenticios no han dejado de ocurrir, pero si hay más espacios y menos miedo a conversarlos. Lo complicado de los desórdenes de este tipo en el fitness, es que el margen entre lo saludable y lo dañino se vuelve confuso y no sabemos cuando estamos cruzando el límite, considerando además la cantidad de información a la que estamos expuestos y donde los alimentos son demonizados de un día para otro.

Podrán decirme que la columna anterior sobre contar macronutrientes nos llevaba derechito al camino de la obsesión, pero no hay que olvidar que llevar una dieta específica cuando se quiere bajar de peso o desarrollar un mayor autocontrol no es el problema. El trastorno se produce cuando esa restricción deja de ser saludable y distorsiona la realidad por completo. Si le damos vuelta, por ejemplo, una persona con peso normal comienza a tener malos hábitos producto de una depresión y tiene una relación dañina con la comida, mucho desorden y alimentos poco nutritivos que la hacen aumentar de peso: el perjuicio a la salud es brutal e igual de nocivo que cuando se tiene extrema delgadez.

Estamos más acostumbrados a ver a personas con problemas de obesidad, que con temas de desnutrición y peor aún…el marketing y la publicidad han llegado a distorsionado la imagen saludable que tenemos de nosotros mismos, llegando a anhelar una apariencia huesuda y con características preocupantes como el ‘Thigh Gap’ o el ‘Bikini Bridge’, populares en las redes sociales, sin cuestionar que aquellos ejemplos y prototipos pueden incluso no ser reales y tener retoques de imagen. En ese ambiente, no es raro no ver el problema y seguir adoptando tendencias restrictivas y obsesivas que llevan a controlar todo lo que se come y a pasar largas horas entrenando.

En relación con el fitness, a tal punto ha llegado la fijación por comer alimentos saludables que en 1997 el doctor estadounidense Steven Bratman definió este trastorno como ‘Ortorexia’, síndrome que no ha sido reconocido aún por los manuales de cuadros mentales, pero que sin duda se puede ver en numerosas cuentas de redes sociales y comentarios en la web, o díganme que no han leído por ahí ‘el huevo te va a matar, ¿sabes cuánto colesterol tiene una yema?’ o comentarios como ‘está comprobado que el consumo de carne produce la liberación de radicales libre y eso destruye las células’.

No soy sicóloga, tampoco nutrióloga, pero vivo día a día atenta, tratando de mejorar y entendiendo que solo en equilibrio voy a lograr mis objetivos. Leo atenta cualquier información que habla sobre la alimentación consciente y natural, no me creo todos los ‘está comprobado’ e intento seguir rutinas y hábitos que puedo cumplir, porque de nada sirve incorporar a la dieta algo que no me hace sentido o que me va a costar un mundo conseguir (Ej.: arroz integral importado de Timbuktú rico en fibra), ¿Para qué? Si tenemos todo a nuestro alcance para tomar decisiones inteligentes y saludables.

Como no todo es blanco/negro y hay una escala de grises en el que uno puede estar parado, te recomiendo algunos tips para que puedas reflexionar al respecto: - Entrena regularmente según el tiempo que tienes disponible. No es necesario vivir en el gimnasio para tener el cuerpo que quieres. Si puedes caminar al trabajo, hacer una rutina de 30 minutos, subir escaleras y saltarte el ascensor habrás hecho un gran avance sin haber pisado una trotadora. - Si eres de las personas que no tiene horarios fijos de comida, trata de llevar un registro y no te ‘pegues atracones’ solamente porque estabas demasiado ocupada para almorzar. Es más inteligente hacer un pequeño break con una fruta/barrita de cereal natural si estás demasiado ocupada para una comida y luego alimentarte de forma sana cuando puedas estar más tranquila. - Sin culpas. Me atrevo a decir que debe ser el punto de partida del trastorno. Me pasaba hace un par de años, cuando me comía algo dulce rico en carbohidratos que me sentía culposa e iba al gimnasio para quedarme tranquila y decir ‘lo quemé’. Y no nos hagamos los tontos, cuántas veces hemos dicho o escuchado la frase ‘tengo que ir al gym a quemar todo lo mal que me porté el fin de semana’. Si bien no hay maldad en esa frase, hay un sentimiento de culpa atrás y eso solo va a gatillar restricciones y atracones: si vas a ir al gimnasio a compensar, que sea feliz y contenta por hacer la diferencia y volver a retomar el equilibrio.

MUJER HIT

Ale Krebs

@fit.fiu

77 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo